05 Diciembre 2020 | 1:53

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Cuando la ocupación arrasa la vocación

Cuando la ocupación arrasa la vocación

foto: pixabay.com

por Alejandro Abraham

 Hace años me debato entre dos rivales en una pelea que de antemano, reconozco perdida: mi vida laboral transcurre -gracias a mi formación técnica secundaria- en ambientes de ingeniería relacionados a las instalaciones eléctricas en Plantas Industriales de Oil&Gas; pero mi vocación irrumpe siempre para redirigir mi historia hacia “alguna especie” de periodismo.

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Llegué a la vieja sede de la Facultad de Sociales, en Parque Centenario, y me recibí como Licenciado en Comunicación, ya cuando la sede se instalaba en la calle Santiago del Estero, persiguiendo la idea de poder sumarle a mi realidad laboral, -ahogada en las ciencias duras- una dosis de humanidades. Claro que de ese anhelo poco pudo concretarse. Me desempeñé siempre en el área técnica y nunca pude/supe/quise dar el salto a la Coordinación de Ingeniería, tal vez el mejor lugar para combinar mi experiencia laboral con mi formación universitaria, pero no. Miles de factores, con mas forma de excusa que de otra cosa, colaboraron para que fuera quedando en esa zona de confort. Y se fueron diluyendo mis intentos.

Un único espacio real estuvo presente siempre donde intentar un rescate a mi pasión. Ese lugar fue, es y será, este mismo portal desde donde escribo: www.meridianoactual.com

Meridiano, -Meridian como solemos llamarlo entre los tres socios/familiares/amigos que empujamos a pulmón cada día para tenerlo activo-, es, fue y será esa llama, ese espíritu, ese fuego sagrado que nunca se apaga y que mantiene una ilusión intacta, como aquel día en que salí de la facu con título de licenciado bajo el brazo.

Pergeñado y soñado por “el Ale Perandones”, ese tipazo periodista/escritor que te reconcilia con la especie, generoso, de una humildad que no abunda; y enriquecido además por su compañera de ruta, Mariana Rolandi, otra enorme periodista; Meridian es el refugio soñado de mi vocación romántica, tan real como el sueño intacto de poder vivir haciendo periodismo un día, para toda la vida.

En tiempos de rutina, suele aparecer cada vez con menos intensidad la sensación a cierta especie de amarga frustración, matizada con la certeza de una vida tranquila, casi sin contratiempos en lo económico, gracias al siempre monótono trabajo de oficina, dibujando en autocad. Renglón aparte, le debo lo que tengo a la Ingeniería y estoy plenamente agradecido por eso. Lo cierto es que nadie sabe como pega una pandemia, una cuarentena global: libros para leer dijeron algunos; cosas atrasadas para hacer, sugirieron otros; sesiones de terapia por videollamadas; series al por mayor en mil plataformas; etc, etc, etc. Pero, si se intenta ser sincero, la invasión es pensarse a si mismo. Hacia lo profundo de lo que vamos tapando a fuerza de rutina y logros del día a día. Esa mirada introspectiva, que no mide.

Y en eso anda hoy mi vocación demorada, poniéndose al día con la actualización de notas en el portal, sumando contenido renovado, para una realidad voraz que atropella con todo y no da tiempo a la reflexión. Pero el día merecía un freno.

Hoy es el día del periodista, en recuerdo de aquella primer Gazeta de Mariano Moreno. Y quiero poder sentir que también es mi día, escribiendo, para disfrutarlo con la alegría del cariño de mis íntimos más íntimos, en honor a personas que hicieron grande un oficio tan maltratado, para convertirlo en la profesión más linda.

Feliz Día del periodista, queridos colegas.
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Fecha: 07/06/2020

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